Viajar hoy….

Pues, para mí, eso de viajar pierde cada vez más el encanto que alguna vez tenía. Antes ibas al aeropuerto y veías a gente contenta, bien vestida, preparándose para ir a conocer sitios que a mí me sonaban exóticos y sugerentes. Hoy en día, muchas veces cuesta distinguir entre una persona sin hogar y un viajero y, aunque éstos viajen a destinos lejanos y exóticos no parecen ir muy contentos que digamos. Las restricciones en el equipaje, los constantes chequeos “de seguridad”, las malas caras de los empleados del aeropuerto, la pésima y carísima comida en las cafeterías son como para poner de mal humor a cualquiera.

Para viajar a México he tenido que salir de casa a las 05:30. Es decir, he tenido que despertar antes de las cinco de la mañana. He subido en un autobús para viajar de Valladolid a Madrid y nos hemos visto en un atasco madrileño por la lluvia que ha provocado que varias personas que viajaban en el autobús perdieran sus vuelos.

He bajado del autobús y me he encontrado con un nuevo modelo de servicio “usa mis carritos” para que tengas que darle una propina a una persona que lo único que ha hecho ha sido recoger los carritos de equipaje de uso gratuito y ponerlos enfrente de la puerta del autobús para que te caigas encima de ellos. Curaciones y medicinas aparte, que ya no las incluye la seguridad social.

Como no hay muchos enlaces entre Valladolid y el aeropuerto, he llegado con más de tres horas de antelación. Bajar con las maletas a la planta donde está la cafetería es imposible. No hay banda para bajar y tienes que elegir entre dejar el carrito por el que te has dado de bofetadas y cargar las maletas o conservar el carrito y darte de bofetadas con el personal de limpieza que monopoliza el ascensor de pasajeros entre las diferentes plantas del edificio.
Pues, la cafetería no vende café…

Hay que subir (al menos si hay banda para subir) y navegar con el carrito hasta la cafetería al otro extremo de la terminal, donde si hay café y bollos de desayuno a 2,50 € cada uno. Hay unos bocadillos anoréxicos a 6,00 € cada uno. Se ve que les ha afectado mucho la subida del IVA porque algunos tienen pinta de llevar allí varias semanas.

Después de un rato, vuelvo a navegar por la terminal para llegar al mostrador de facturación de Aeroméxico. Ya hay una fila. Las líneas aéreas ahora te insisten en que hagas la facturación en línea antes de salir de casa y que imprimas tus tarjetas de embarque so pena de tener que pagar por ellas (en algún caso, hasta 50,00 €). No hay mostrador especial para las personas que ya han impreso sus tarjetas y las que no, así que tienes que esperar igual que los demás. Hay algunos trucos como, por ejemplo, ponerte enfrente del que será (en algún momento) “el siguiente” y fingir que no habías visto que había 200 personas detrás en una fila. O aparecer con un anciano discapacitado en silla de ruedas y decir que eres su acompañante. Una familia entera lo hizo, evitando tener que hacer la fila porque viajaban “acompañando” a alguien que parecía una momia; por cierto, luego no le ví en el avión. Tal vez se murió durante la espera. A la señorita que estaba haciendo la facturación no le gustan las tarjetas de embarque caseras porque tiene que usar unas tijeras para cortarlas “y es mucho trabajo”, así que las cambia por unas de las de antes que, como vienen del pasado, tardan mucho en salir de la impresora.

Resulta que el vuelo tiene 6 horas de retraso. Todos lo sienten, hasta el director de Aeroméxico en el aeropuerto que manda una carta para repartir entre los pasajeros pero que no firma con su nombre. Como “cortesía” te dan un vale para comer en uno de los exquisitos restaurantes del aeropuerto. Por cierto, el vale está impreso en otra tarjeta de embarque de las de antes y no es una cortesía sino un derecho de los pasajeros.

Para pasar a la zona de espera, donde supuestamente hay sillas y donde está el restaurante hay que pasar por la estación de Auschwitz, donde oficiales sin rango pero con voz te obligan a quitarte la chaqueta, el cinturón, las botas, el reloj, abrir la maleta de mano, sacar el ordenador, pasar por unos marcos detectores de metal que no detectan pero que hacen ruido. Si suenan cuando pasas tienes que demostrar que te has puesto desodorante por la mañana, levantando los brazos y dejando que te registren manualmente. Para algunos esto puede ser un subidón erótico…

Por fin, pasas a la zona de espera pensando en que tienes tiempo para cambiar euros. Ya no hay bancos. Ahora solamente hay casas de cambio que ejercen sobre la información de los pasajeros un control más exhaustivo que el revisor de equipajes. Tampoco hay tiendas. Quedan unas cuantas pero muchas han desaparecido, sustituidas por carteles de “Estamos renovando. Disculpe las molestias”. Una renovación a fondo porque estaban allí hace un año. También, por cierto, está prohibido grabar o hacer fotografías en la terminal, probablemente para que se vean las innumerables goteras que hay en un edificio construido hace pocos años.

Llega la hora de ir al restaurante exquisito que está en el punto más alejado de la terminal, bien escondido de posibles y molestos clientes. Como tengo una “cortesía”, puedo comer el menú del día: verduras verdes o macarrones rojos; pollo verde o milanesa. Las verduras verdes no resultan especialmente atractivas y el pollo es verde pero no está en salsa, simplemente nació así…
El personal del restaurante, que de repente se ha visto con 300 comensales está enfadado. La gente no quiere las verduras verdes ni el pollo verde y tienen que hacer más escalopes. Solamente dan una hora para comer. A los que llegaron pasada esa hora, ya no les dieron opción de comprar bebidas o cafés adicionales y casi, casi ni de elegir comida: pollo verde o pollo verde; bajaron una cortina y cerraron la zona. Quizás 300 cafés por 2,50 € no sean ingresos interesantes. Tampoco dejaron que la gente se quedara más tiempo sentada en sus mesas. Simplemente, apagaron la luz en toda la zona. Una comida de cortesía…

Lo mejor de todo fue que mientras estaba comiendo llegó una chica rubia a comer. Iba muy bien vestida, peinada, sonriente, elegante. Como los viajeros de antes. Nada que ver con las camisetas de tirantes, chanclas, juanetes, caspas y callos que merodeaban por allí. Un auténtico brillo del pasado. Le perdí de vista (porque apagaron la luz) y pensé que era una pena.
Después de muchas más horas esperando llega el ansiado momento del embarque.

Antes, para subir al avión se usaba el método de “sálvese quien pueda”. Todos los pasajeros se amontonaban frente al mostrador, empujaban, pisaban y golpeaban y subían al avión como mejor podían, con sus bolsas de compras y cajas de lladrós. Ese método se sustituyó por el de “zonas” en el que solamente podían subir los pasajeros con asientos en una zona determinada, generalmente de la parte trasera hacia delante. Aeroméxico, en una abnegada lucha por mejorar estos procesos, ha cambiado por un sistema de letras. Ahora subes al avión según la letra de tu asiento. Como el desfile de las vocales, primero la “A” con sus dos patitas muy abiertas como vez, luego, no la “B” sino la “J” luego, la “B” y luego la “I”…independientemente de tu número de asiento. Así los que se sientan hasta atrás pero tienen la “A” de su fila pueden darse de empujones y bofetadas con los de la “A” de las primeras filas. Tengo entendido que están llevando a cabo las pruebas piloto del próximo método que será por el color de ropa de los pasajeros. Primero subirán los de los colores primarios, luego, los de los secundarios y al final los multicolores…

Cuando por fin tocó a la letra “C” (la mía), tuve que pasar por encima de los bultos y cadáveres de los de las letras anteriores hasta llegar por mi asiento. Y, ¡grata sorpresa! la rubia elegante era mi compañera de fila…

¿AGREGARÍAS A TU MADRE EN EL FACEBOOK?

Tu madre

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Me ha encantado este anuncio. Se plantea una pregunta muy seria. ¿Le agregarías en el Facebook? ¿Le dejarías ver todo lo que allí se publica?

¡SORPRESA! ¡SORPRESA!

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Creo que a muchas chicas les encantaría que les sorprendieran como a la intérprete de este anuncio que, tras probar la crema Nivea (que no están las cosas para gastar en cosméticos de gama alta), empieza a ser objeto de la admiración de todos los chicos que se encuentra por la calle: el florista, los deportistas, el policía, los bomberos…hasta que encuentra a su príncipe azul.

Seguro que las ventas de estos productos han subido considerablemente…

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